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La figura de Pu Yi, último monarca de China, es una de las más contradictorias de la historia contemporánea. Nacido en la corte de Pekín, emperador a la edad de dos años, fue depuesto y tuvo que huir a Tientsin, donde vivió la amargura del exilio hasta que el ejército de invasión japonés le convirtió durante unos años en emperador de Manchukúo. Tras la paz de 1945 cayó prisionero de los chinos. Reeducado psicológicamente, el antiguo soberano se convirtió en un súbdito de Mao.
Tabatha Pérez Pro
@brandeven